(Imagen tomada de la red).
Recuérdame la espiga sesgada y sangrante
noche que provoca la emboscada en tu boca
y el reino de sombra donde tú me habitas,
ese mi santuario, donde la verdad mora...
Cristal, gemido , nacarado , polvoriento,
se encarga de encauzar la daga y el aliento
traspasa con hábiles y dulces malabares
desde tu entraña viril, hasta mis adentros.
Resurge cual espasmo, de lógica anarquía,
abre el habitáculo paciente de mi entraña,
piérdete sin concebir sextante, ni compaña
en grito de licuada y espesa algarabía.
Pero, ¡déjame seguirte siempre en tu agonía!.
Duna
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