El Contrincante

  1. Me ha dicho:

    «No soy tu contrincante, 
    soy el equilibrio que tiembla bajo tus pies».
    (Lo es, aunque no se lo diré).


    Él ha escuchado silbar balas en sus oídos,
    ha sentido el látigo en su costado, 
    y siente mi alma en sus manos.
    ¿A qué huele la guerra?, le pregunto,
    y se queda pensando:
    Dios es aire desangrado, saltos, 
    hospitales, corredores blancos, y 
    momentos descerebrados;
    ojos ateridos, terrenos baldíos,
    fuego, pólvora, caminos despoblados.
    Dios muere en la monotonía de la vida.
    Dios es asalto.

    Me habla del vacío de la guerra
    cuando me habla de pleno amor,
    como raíz a la tierra.
    Duna
    *

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déjate llevar…