Llegó el final

Queridos amigos, han sido años de compartir con vosotros mi alma al desnudo.
Quiero aclarar algo, que muchísimas personas confundieron, mi nombre. Duna al Desnudo significó, siempre, que expongo mi alma tal como es, sin ambages, sin disfraces, sino al desnudo, tal cual siento. Pero la mayoría lo interpretó como desnudo físico, erotismo, sensualidad…. y no era así. Pero, no tiene importancia.
He pasado tiempo sin publicar mis letras. He estado leyendo a los «poetas buenos», esos considerados grandes, y aquellos que a mí me encantan, y he llegado a rechazar casi todo lo que leo por ahí. Ya no soporto lo que leo en los foros de poesía, blogs , etc….. Se me ha quedado pequeña la mala poesía, o tal vez yo he crecido.
He perdido el interés en comunicar mi estado, o sensaciones. No le encuentro sentido.
Por supuesto sigo escribiendo. No concibo mi vida sin letras, pero siento que no necesito compartir mi alma con personas más allá de los que tengo a mi lado.

Ha sido un verdadero placer tener amigos, y compañeros de letras que muchas veces me han motivado y ayudado. Tal vez, algún día vuelva a este camino. De momento me despido con el beso más apasionado que hayáis recibido.

Gracias a todos.

Duna.

Solamente

Dejar caer la cabeza,
ojos cerrados
mente volando.
Tantas cosas
tanto de tanto,
Madeja de hilo
sin principio
ni final….
¿Qué hacer más
de lo que ya intento?
Tanto mundo,
gente,
ruido…
Todo, menos tú, ya.
Necesito volver a mi origen,
antes de ti.
Ser sólo yo,

y volver a lo primigenio.

¿Vuelves?. Por favor,
aunque sólo sea un momento….

Te espero…

Duna

Sí pudiera decir

Sí pudiera decirte el nombre
de aquellos que me acompañan
en estos momentos invivibles,
e impronunciables
ya sabría algo.
Sí pudiera aplicar otra vara
de guía que no fuese la del rosal,
o la del ancestro con el retoño,
ya tendría apoyo;

Sí pudiera, al menos, respirar,
entonces,
entonces ya tendría vida
aunque nunca sin el sonido,
sin los colores,
sin los reflejos
de tu esencia

Duna

Kronoscopia

 

 

Kronoscopia: Astronomos - Chamol
Quererte y odiarte,
ambos a un tiempo,
es tan agotador,
como observar mil atardeceres
sin pestañear.

Solo se puede
cuando los ojos se han vuelto de cristal
y el corazón se ha inmunizado,
contra los naufragios
a base de hundirse,
una y otra vez,
en tu esencia;
y con un pie en el temor
otro en el amor,
y las manos buscando
ese rastro húmedo de ti
sigo, y sigo
a duras penas…

Duna