Manifiesto en Kyzyl Kum

Desde este lugar en que me mimetizo
con el paisaje hoy, y siempre contigo,
es necesario y justo, hacer un manifiesto de mi sentir.

Cuando se conoce un amor como el mío,
cuando se ha sentido la inmortalidad del vuelo
y se sabe que no se quiere ni se puede
olvidar, porque esto mío
es de todo menos un capricho,
lo necesario es vociferar, desde la humildad de mi letra,
el derecho de la voz.
De todo he sentido, como los grandes, o los pobres:
desde la más absoluta altura,
hasta el hambre terrible.
El sufrimiento como el goce han sido extremos,
tanto, que me imposibilitan para otra felicidad
u otro vuelo, que no lleve aparejada la unción
de nuestra esencia.

Muchos agoreros de ambas orillas,
dijeron que se impone el olvido,
con el pretexto de que no he llegado aún
a rozar tu piel;
acaso no llegué a comer, dormir, desvelarme
a tu lado.
Sin embargo, no existe mayor
energía que la del necesitado,
y mi necesidad de ti grita
en la austeridad,
humildad,
y la seguridad
de estar preñada, permanentemente,
de ti,
sin exigir,
sin esperar,
sin pedir,
pero siempre anhelándote.

Quisieron echar cal sobre tu nombre,
sal sobre tu sombra, y polvo sobre tus ojos.
Pero nada, ni nadie, te empañó ante los míos.

Mi voz, que no conoce mutilaciones,
más que el profundo respeto,
ha seguido y seguirá, siempre,
clamando por ti.
No conozco orgullo necio
que anteponga lo presente a lo lejano;
lo material a lo etéreo;
lo carnal al sueño eterno.

Son escasos los iluminados,
y mucha la ceguera colectiva,
por eso sé que tras haberte conocido,
ninguna otra luz acompañará la mía,
y nunca una sombra será
tan deseada por mí.

Por esto, manifiesto lo que siento,
con extrema libertad, responsabilidad,
conciencia, y honradez,
ante todas las circunstancias de mi vida.
Deseo, que el mundo entero
conozca mi sentir por ti
en agua y desierto.

Duna

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Gracias

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déjate llevar…

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